Así la hallé aquel día...
Alcé la mirada y la ví, donde esperaba que estuviera, donde siempre me gustaba encontrarla, para poder hablar sin palabras.
La veía tan cerca... y la sentía tan lejos...
Me había hecho a la idea de sus cambios, y ya no me era extraño ver como sonreía con sinceridad pese a poder estar rota por dentro, o a verla llorar como síntoma de descarga aunque se sintiera altamente dichosa.
Lo que no esperaba era verla así...
La altanera esfingie que solía contemplar con obnubilante pasmo, había dado paso a una figura inerte, fría de desazón, azotada por mil sensaciones esquivas que se percibían desde cada poro de su piel.
Una mirada baja, con los ojos vacios y secos, perdidos en un horizonte que jamás podré pisar.
Resulta inquietante asumir una actitud así, y tratar de comprenderla y amarla, como todas las demás actitudes que te encantan de esa persona, cuando crees conocer a esa persona que observas y cada movimiento parece venir precedido de anuncios a tus sentidos.
Es difícil saber reaccionar. Comencé a darme cuenta de que quizás no la conocía como pensaba..., y que ese amor efusivo que me embriagaba quizás también era ciego.
Aunque nunca nos habían hecho falta palabras sonantes para comunicarnos, por un instante deseé encontrar las justas para devolver el brillo a esos ojos y el calor a ese cuerpo, y recuperar la actitud burlona y terca permanente con la que me había cautivado por completo.
Poco tardé en asumir, pese al shock, que no se puede conocer todo de las personas, que las sorpresas forman parte importante de todo, y que aunque sea incómodo sobrellevarlas, las incógnitas siempre sobrevuelan cualquier relación.
Debo confesar que temblé. Creía haberla perdido. Y aunque la angustia fue breve en espacio-tiempo, resultó demencial el razonarla con lógica.
Debía afrontarlo: ella había caído.
Cayó desde la gracia, del mismo modo en que yo sabía que más tarde o más temprano, la vería florecer de nuevo renacida...
Hoy la volví a ver.
Acudí diligente a mi cita. Donde sabía que me esperaba con ansia, aunque yo no sentía el mismo deseo por verla ya.
Acudí sin ganas. Sin pensarlo mucho...
y la hallé.
Sonrío al pensarlo... Realmente resulta curiosa la manera en que alguien es capaz de volver en sí y dejarte estupefacta, por mucho que la conozcas y que la hayas visto caer y levantarse, no deja de ser mágica la capacidad de volver a comenzar. No me hicieron falta palabras.
Clavé mis ojos felices en la visión de mi amada, tenía esos ojos llenos de vida, que siempre me lograban ilusionar...
y sin llenar mi mente de preguntas ni reproches..., lancé un guiño risueño al espejo!
^^









